La escritora Sandra Araya habla de la narrativa de Jorge Franco

Jorge Franco es uno de los escritores más reconocidos de la reciente literatura colombiana. Visitará la Casa Carrión el 20 y 21 de abril dentro del ENCUENTRO LITERARIO: “NARRATIVAS DE LA VIOLENCIA EN LA LITERATURA LATINOAMERICANA Y ECUATORIANA”. Conversamos con Sandra Araya, escritora y editora ecuatoriana (ganadora del premio La Linares en 2015 por la novela “la familia del Dr. Lehman”), quien nos habló de la narrativa de Franco. ¿Qué opina de la narrativa de Franco? ¿Resalta alguna virtud sobre otra? Cuál de sus novelas le ha seducido más? Melodrama, definitivamente, es para mí una obra importantísima de la narrativa latinoamericana contemporánea. No solo por su título, que alude a un género poco estudiado y de mucha riqueza a nivel descriptivo, sino también por cómo está desarrollada la obra: a la par de las reflexiones sobre la violencia, las descripciones de situaciones tensas que no llegan sino a ser la premonición de la tragedia definitiva, se juntan las reflexiones que hacen los personajes sobre sí mismos: hasta dónde puede llegar su nivel de monstruosidad. Usted como escritora además es editora de una revista de cine y televisión, ¿cómo mira el traspaso del texto literario al cinematográfico o televisivo, teniendo en cuenta que dos de las novelas de Jorge Franco han sido adaptadas a estos formatos: Rosario Tijeras y Paraíso Travel? Una adaptación siempre será complicada porque o respetas al cien por ciento el texto -lo cual es muy difícil y en realidad entonces no habría aporte de la obra audiovisual-, o los pequeños cambios logran aportar más que a disminuir la obra. Hay que tomar en cuenta que la obra de Franco no solo está basada en la violencia: hay mucha reflexión, descripciones precisas de los ambientes que, a su vez, están estructurados sobre la acción de los personajes. Es decir, no cabe solamente hacer una película o una telenovela de acción y sensualidad para llevar a la pantalla una novela de Jorge Franco, pues sus personajes, además de su envoltura brutal o sensual, son reflexivos, con cuerpo dentro de su conciencia. La generación literaria de Franco ha sido una de las notorias y visibles en el ámbito internacional. ¿Qué otros nombres nos puede dar de los escritores colombianos de la última década? Más que de generaciones, me gusta hablar de producción. No sé a qué generación pertenece Franco, pero en Colombia, hay que decirlo, hay una narrativa de calidad. Todos saben de mi afición por Evelio Rosero. Además, hay que destacar la narrativa de Tomás González, la de Pablo Montoya, Juan Gabriel Vásquez y Juan Cárdenas. La violencia es una marca de la narrativa colombiana del siglo XX, ¿cómo cree que ha sido representada en sus novelas durante el siglo pasado? Creo que el testimonio más terrible de la violencia en Colombia lo leí en Los ejércitos, de Evelio Rosero. De ahí, la violencia no deja de ser un motivo en la literatura universal, y la de Franco, si bien apunta a la violencia del medio, apunta, sobre todo, a la que está dentro de los personajes —por sus circunstancias, porque el ser humano es así— y que es la que al final desata la tragedia. Es una cadena: la violencia en el pecho de uno repercutirá en la vida de otro, y esa cadena es la que une los destinos, además del amor, que debe germinar, como sea, entre la destrucción.